miércoles, 22 de febrero de 2017

CUARENTA AÑOS DEL POMPIDOU


Eduardo García Aguilar

Se cumplen ya cuarenta años de la inauguración del Centro Pompidou o Beabourg y a pesar de que ha pasado el tiempo, sigue pareciendo tan moderno o aun más que entonces. Su estructura tubular, el carácter aparente y al aire libre de su esqueleto metálico y de las venas abiertas de la aireación, la explanada abierta a niños, saltimanquis, artesanos y payasos, la biblioteca popular accesible para locos y marginales, causaron conmoción en su momento, y ahora son un pulmón de creación en medio de una ciudad que patrullan los soldados de la Operación Centinela, poderosamente armados, cuidándola de posibles atentados en nombre de Alá.
Es el
único museo que ha aumentado la tasa de frecuentación anual, pese a la reducción del turismo causado por los atentados de Charlie Hebdo, Bataclan y Niza y la sucesión de actos terroristas puntuales que han puesto al país en amenaza permanente. Con 3, 3 millones de visitantes en 2016 y la rica actividad en diversos campos como música contemporánea, teatro, actividades infantiles, conferencias y debates.
Era estudiante en aquel entonces de Vincennes cuando Alice Morgaine, directora de la secci
ón Madame Express de la prestigiosa revista LExpress, donde desempeñaba un trabajo de carácter estudiantil en medio de fotógrafos y modelos, me cedió una invitación para asistir al acto. Entonces como ahora la xenofobia, el racismo y el nacionalismo primario estaban en carne viva.
Aunque el presidente Valéry Giscard dEstaing invitó a siete presidentes africanos, entre ellos al poeta senegalés Leopold Sedar Sengor, en la entrada los guardias y policías maltrataban a jóvenes y extranjeros. Como mi acompañante era una bella multa y éramos muchachos de veinte años y yo llevaba el pelo largo, los brutos guardias trataron de impedirnos el ingreso pese a llevar la invitación. 
Aunque una década antes la revuelta de mayo del 68 hizo irrumpir la cultura y la vida de los jóvenes en un mundo de viejos amargados por guerras y ocupaciones, la remanencia de esa intolerancia ante la juventud y más aun a los extranjeros seguía como hoy viva y ardiente. Por esa razón mi primer ingreso al histórico monumento estuvo marcado por un pleito inolvidable.



Tras la partida del general De Gaulle, como daño colateral de mayo del 68, el profesor, hombre de letras y amante de las artes Georges Pompidou llegó a la presidencia y con él un deseo de renovación en todas las esferas. Su esposa, la excéntrica y longilínea Madame Pompidou, experta en arte moderno, fue también clave en ese deseo de dar protagonismo a la modernidad artística y en la creación de un centro que diera vida a la explanada de Beaubourg en pleno centro de París.



Dos jóvenes arquitectos de treinta años ganaron sorpresivamente el concurso ante la incredulidad general y la obra se construyó rápidamente y fue inaugurada en ese invierno de 1977, sin la presencia de su patrocinador, quien falleció a causa de una enfermedad devastadora en abril de 1974.  Estuvieron presentes esa noche el presidente Giscard, los mandatarios africanos y la viuda Pompidou, que a lo largo de su vida estuvo al tanto de lo que sucedía en ese lugar loco donde se presentaban ricas exposiciones de arte moderno, primero con la serie París-Berlin, París-Moscú, París-Nueva York y luego con exposiciones dedicadas a Magritte, Paul Klee, Dali, Kandinsky, Dadá, Marcel Duchamp, David Hockney, Balthus, Francis Bacon,  Lucien Freud, Wilfredo Lam, Amsel Kiefer, los Beatniks, y tantos otros. Sus exposiciones también viajan a ciudades del mundo entero.


Renzo Piano, uno de los jóvenes arquitectos del museo, se sorprende hoy ya crepuscular del éxito sólido de su obra. Cuando presentaron el proyecto nunca imaginaron ganar y por eso dieron rienda suelta a su irresponsable y juvenil utopía. Hoy el Centro es visitado por muchos habitantes locales de la región Ile de France y afuera los niños y adolescentes gozan deambulando por esa explanada donde vuelan las gigantescas pompas de jabón lanzadas por algún saltimbanqui. Al inicio las protestas de los intolerantes fueron muchas, pero luego el lugar adquirió su carta de nobleza.
Pero cuatro décadas después, el auge en Francia y Europa de la extrema derecha, la xenofobia, el racismo y las intolerancias religiosas que provocan guerras y atentados y persecuciones y amenazan a las minorías, planean como buitres sobre el Centro Pompidou, verdadero umbral de las artes y la creatividad. Su presencia en medio de la ciudad es necesaria para conjurar los fantasmas de los crecientes neo-fascismos, herederos del régimen nazi que persiguió entonces a lo que ellos denominaban las artes degeneradas. Obras artísticas y libros fueron destruidos y confiscados por los nazis; artistas y pensadores fueron exterminados en los campos de concentración.

Cuando el Pompidou cambió drásticamente el panorama del centro de la ciudad en 1977, el país y el mundo parecían avanzar hacia una era de tolerancia, libertad, creatividad, intercambio cosmopoilita de ideas, irrupción de la mujer hasta entonces oprimida y respeto a las diferencias sexuales. Es difícil ahora constatar que los fantasmas de la caverna vuelven con fuerza y amenazan. Las viejas religiones sacan sus garras y pretenden tomar el poder a nombre de sus dioses en todo el mundo.
Sentado al frente de la hermosa mole colorida, viendo moverse en el parque aledaño las instalaciones permanentes de Niki de Saint Phale, volar las pompas de jabon que persiguen los niños, escuchando a los músicos del mundo que interpretan sus instrumentos, visitando las esculturas de Brancusi -cuyo museo taller está al lado-, y percibiendo la felicidad de los visitantes, uno piensa que el arte antiguo y moderno puede aun salvarnos de este reino de locos que ahora gobiernan en el imperio y quisieran volver a dominar en Europa con sus muecas de odio, racismo e intolerencia contra los umbrales de la memoria.  
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sábado, 11 de febrero de 2017

EL AÑO DE FRANCIA Y COLOMBIA

Cartagena de Indias
Por Eduardo García Aguilar
Este año 2017 Francia y Colombia se han dedicado a estrechar sus lazos culturales, académicos y económicos por medio de centenares de actividades celebradas en las ciudades de ambos países, que tuvieron como punto simbólico la visita del presidente François Hollande a Colombia y su viaje a un campamento para apoyar el accidentado proceso de paz. El primer semestre será el turno de los franceses en Colombia y el segundo el de los colombianos en Francia. Conciertos, coloquios, exposiciones, intercambios diversos enriquecerán una amistad que se remonta a lejanos tiempos, cuando los ilustrados de la Nueva Granada se inspiraban en las ideas de la ilustración francesa para tratar de lograr la independencia.
En los barcos que cruzaban el Atlántico llegaban libros y gacetas del Viejo continente que eran devorados y traducidos por las élites locales. Antonio Nariño tradujo por ejemplo la Declaración de los derechos humanos. El espíritu de la Enciclopedia llegó a quienes deseaban avanzar hacia un mundo moderno donde la ciencia, el saber y la razón suplantaran los dogmas impuestos a lo largo de los siglos por la clerecía católica que dominaba la educación y tenía amplia injerencia en los gobiernos.
Simón Bolívar, rico personaje de la élite neogranadina caraqueña, viajó en su juventud a Europa y durante su periplo se dedicó a leer, estudiar y a establecer relaciones que le servirían luego para su liderazgo libertador. En París vivió en las calles Vivienne y Richelieu, junto a la Biblioteca Nacional de Francia, donde pasaba horas leyendo, y muy cerca de los jardines y edificios del Palacio Real creados por el arquitecto Mansart y sitio donde la juventud de las Luces se dedicaba a los placeres y la alegría de vivir libertina.
Mucho tiempo después, en los años 20 y 30 del siglo XX, cuando vivió en París una amplia generación de estudiantes y escritores latinoamericanos como Miguel Ángel Asturias, Alfonso Reyes y César Vallejo, las asociaciones creadas por ellos colocaron placas en los lugares donde vivió Bolívar, como prueba de esa larga amistad entre Francia y la Nueva Granada. Bolívar, que tiene una avenida dedicada en el norte de la ciudad, inspiró a la generación romántica, ya que en cierta forma fue el Che Guevara de la época, un libertador y creador de naciones, ejemplo de la gloria cuya imagen y apariencia suscitaba emoción en los jóvenes revolucionarios europeos de la primera mitad del siglo XIX que luchaban contra las restauraciones. Además de Bolívar, otro de los héroes románticos fue Lord Byron, quien dejó sus comodidades para ir a morir luchando a favor de los griegos amenazados por el imperio otomano.
El rival colombiano de Bolívar, Francisco de Paula Santander, también viajó a la capital francesa y a través de su diario, publicado hace medio siglo por el Banco de la República, se pueden conocer sus interesantes impresiones de viaje. Más tarde, hacia fines del siglo XIX, fue el turno de otros viajeros como los hermanos Rufino y Ángel Cuervo, quienes decidieron vender sus negocios en Santa Fe de Bogotá y quedarse para siempre en la urbe para vivir de las rentas. En su diario de viaje, publicado por el Instituto Caro y Cuervo, los seguimos en sus correrías desde su llegada a las costas francesas y la gira por otros países europeos e incluso seguimos día a día su descripción de hoteles y restaurantes y su admiración por ese invento fenomenal que fue el ferrocarril.
Ya para ese entonces París era una metrópoli cosmopolita donde había una actividad económica y cultural extraordinaria. Grandes bulevares, teatros, estudios fotográficos, cabarets, restaurantes, editoriales, periódicos, universidades, academias, grandes museos, óperas, casas de citas y de vicio, drogas, vinos y licores, fascinaban a los viajeros colombianos adinerados o aventureros que lograban cruzar el océano y llegaban a la que entonces era la capital del mundo.
Entre ellos el joven José Asunción Silva, cuya rica familia era propietaria de la hacienda de Hatogrande, hoy sede campestre de los presidentes colombianos en la sabana de Bogotá, fue enviado a la capital a formarse en administración de negocios. Pero maravillado por la vida disoluta prefirió dedicarse a la literatura en tiempos de Verlaine y Mallarmé y los simbolistas y se gastó sus dineros en la rica vida nocturna y libertina parisina que describe con lujo de detalles en su muy moderna novela De sobremesa, una joya, de las máximas de esas cartas cruzadas entre Colombia y Francia. En ella hay vida sexual desaforada, lesbianismo, experimentación de drogas y alcoholes peligrosos y, por supuesto, intoxicación de ideas políticas y sociales que inspiraron al personaje Fernández cuando regresó al país.
Vargas Vila, Germán Arciniegas, Botero, Negret, Puyana, Gabriel García Márquez, Julio Olaciregui y Miguel de Francisco, entre otros muchos autores, artistas, músicos, científicos y estudiantes de todas las disciplinas han preservado esa tradición que hoy se enriquece con miles y miles de jóvenes estudiantes que se doctoran masivamente en las universidades francesas y que al regresar al país siguen manteniendo viva la llama de la amistad franco-colombiana.
Pero por supuesto no solo se trata de un intercambio de élites económicas, artísticas y académicas. Desde hace unas décadas y en los tres primeros lustros del siglo XXI la migración popular colombiana ha aumentado de manera vertiginosa, especialmente personas de origen paisa, antioqueños, vallunos, originarios del Eje Cafetero. Muchos colombianos, artesanos, albañiles, pintores de brocha gorda, conductores, plomeros, personas dedicadas al servicio doméstico, que ya se habían nacionalizado españoles, tuvieron que salir de una España golpeada brutalmente por la crisis económica e ingresaron a Francia, donde gozan de tranquilidad y excelentes condiciones de trabajo.
También miles y miles de asilados, desplazados y exiliados han llegado en las últimas décadas al calor de acuerdos y convenios bilaterales y después poco a poco han traído a sus familias de acuerdo a las leyes locales del reagrupamiento familiar, que critica la extrema derecha. La presencia, el acento de los colombianos se siente en calles, metro, restaurantes, prósperas tiendas de productos autóctonos y en la multitudinaria presencia suya en los frecuentes conciertos de salsómanos, cumbiamberos, vallenatos, desde los herederos de Joe Arroyo hasta Yuri Buenaventura, sin olvidar a Totó la Momposina. Todo esto es lo que se celebrará en este año dedicado a la amistad entre ambos países.
 
 --- Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 12 de febrero de 2017.

lunes, 30 de enero de 2017

HUMILLACIÓN DE MÉXICO

Por Eduardo García Aguilar.
Donald Trump, que gobierna con insultos y bravuconadas a través de Twitter, logró unir a los mexicanos de todas las tendencias políticas con una absurda humillación innecesaria, lo que nadie había podido conseguir en mucho tiempo. Portavoces de revistas tan opuestas como Letras Libres, heredera de Octavio Paz, y Proceso, bastión de la izquierda, han protestado al unísono por primera vez contra los insultos y humillaciones antimexicanos del King Kong blanco que se tiñe la melena y el copete de rubio platinado.
Desde la vieja casta actual del PRI, dominada por los herederos millonarios del legendario grupo Atlacomulco, hasta los disidentes del destartalado Partido de la Revolución Democrática, fundado por Cuauhtémoc Cárdenas, o el nuevo movimiento Morena del candidato Andrés Manuel López Obrador, pasando por la derecha del PAN y sus polémicos expresidentes Fox y Calderón, todos han saltado unidos ante la amenaza y despertado de repente de un letargo de rencillas, odios y divisiones que condujo a México a perder su influencia geopolítica regional y mundial, cuando es una potencia media rica, grande y con una fabulosa historia milenaria.
Jóvenes y viejos, hombres y mujeres, pobres y ricos, heridos todos por las inauditas diatribas racistas del gringo viejo, descubrieron de repente el peligro en que se encuentra de repente su país, cuando pensaban hasta hace poco que eran los principales aliados seguros del imperio y los más obsecuentes y sumisos amigos. En las redes sociales era impresionante constatar esa coincidencia hermanada de figuras intelectuales, académicas, culturales, políticas, gremiales que hasta ayer se detestaban y se denigraban sin pausa.
Y no es para menos. Durante la campaña electoral Trump logró subir en las encuestas acusando a los mexicanos de violadores, ladrones y sucios y prometiendo construir un enorme muro para instalar un cordón sanitario con el despreciable vecino, que según él quita empleos a los gringos blancos y se aprovecha de la bondad yanqui. Al principio el débil presidente Enrique Peña Nieto y los suyos creyeron que eran solo bravuconadas de campaña y lo siguieron tratando con guantes de seda. Parecían inocentes corderos lamiendo las patas del lobo. Incluso el gobierno invitó al candidato Trump a venir al Palacio de los Pinos, en un error histórico que la población mexicana repudió de manera unánime haciendo caer al artífice de la maniobra, el ministro Luis Videgaray. El desagradecido y patán invitado humilló de nuevo ese mismo día a México, al amenazar con hacerle pagar los 50.000 millones de dólares del costo de la absurda y faraónica obra. Para congraciarse con Trump, Peña Nieto sacó del ostracismo al defenestrado Videgaray y lo nombró canciller por sugerencia del candidato, convirtiéndose en el primer canciller mexicano nombrado a dedo por el futuro presidente de Estados Unidos.
En la primera semana de poder del victorioso magnate, el gobierno mexicano seguía inerme, actuando como inocente cordero. Envió al canciller Luis Videgaray y a su comitiva a negociar a Washington y a cambio Trump profirió aun más insultos y por Twitter sugirió desinvitar a Peña Nieto, quien iba a visitarlo el 31 de enero a Washington, tratándolo como un lacayo. Fue tal la humillación que toda la clase política mexicana y la población rodeó al humillado presidente y éste no tuvo más remedio que cancelar la visita.
Se creó así uno de los más graves conflictos diplomáticos entre México y Estados Unidos desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, cuando éste nacionalizó el petróleo entre 1936 y 1938. Un conflicto absurdo, pues la agresión y la humillación de Trump es a un aliado manso y servicial que desde hace tres décadas, cuando firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), solo ha sido un leal y sumiso amigo del imperio que ha seguido como buen alumno las políticas neoliberales y librecambistas en boga en el mundo, incluso en contra de sus intereses, lo que de facto lo debilitó como líder regional.
Estados Unidos robó a México la mitad de su territorio a mediados del siglo XIX, como lo atestiguan los nombres hispanos de las ciudades y los Estados del sur estadounidense: California, Los Ángeles, San Diego, Sacramento, San Francisco, San Antonio, Nuevo México, Nevada, Las Vegas, Texas, y mil etcéteras. Durante los siglos XIX y XX millones de mexicanos pobres contribuyeron con sus manos a construir la riqueza de Estados Unidos. Ellos han realizado el trabajo agrícola, construido carreteras, puentes, trabajado en el servicio doméstico, limpiado baños, basuras, y con el sudor de su frente y salarios bajos han trabajado de manera honrada para enviar remesas a sus familiares pobres en México. En la actualidad hay millones y millones de personas legales de origen mexicano en todos los Estados y ciudades del país. Millones se han casado allí y creado familias mixtas, como es el caso de Jeb Bush, el otro miembro de la dinastía Bush, casado con una mexicana de Zacatecas, lo que le valió las ironías del racista magnate inmobiliario. Y al mismo tiempo millones de estadounidenses han vivido o viven en México, donde tienen empresas, negocios, propiedades y han sido recibidos con largueza y generosidad por los mexicanos.
México es un país sincrético, con una extraordinaria y rica cultura milenaria indígena, pero a la vez marcado por la colonización española y ya en el siglo XX por la cultura pop estadounidense que vive y se ancla en el país, que adoptó el American way of life. Por su vecindad, son países llamados a entenderse y vivir en paz. Reagan, Carter, Bush padre, Bush hijo, Clinton y Obama lo entendieron y trataron de conservar esa convivencia hasta le llegada al poder hace unos días del magnate, que ya creó el primer lío diplomático.
Su agresión tal vez haga despertar a los mexicanos y los una en la recuperación de su fuerza, dignidad e influencia. En Davos, Suiza, el líder chino Jiang Xiping dijo hace una semana que las guerras comerciales no benefician a nadie, convirtiéndose de facto en un escuchado y moderado líder mundial. Si Estados Unidos se cierra, México y la región pueden negociar con otras potencias, entre ellas China, India, Japón y la Unión Europea. No hay mal que por bien no venga, dice el sabio refrán. Por eso los latinoamericanos debemos apoyar ahora a nuestro hermano mayor amenazado.
--- Fecha de publicacion: Domingo 29 de enero de 2017 en La Patria. Manizales. Colombia.

sábado, 21 de enero de 2017

EL ADVENIMIENTO DEL REY MIDAS




Por Eduardo García Aguilar
En una ceremonia sobria, fría, casi de funeral, el nuevo presidente del todavía imperio estadounidense, Donald Trump, prestó juramento el viernes bajo las columnatas del Capitolio en Washington ante una muchedumbre que esperaba bajo la lluvia, convirtiéndose en el 45° mandatario de ese país y sucesor del primer presidente negro de Estados Unidos, el brillante abogado de Harvard, Barack Obama.

En un corto  discurso demagógico el multimillonario, racista y xenófobo, profirió una serie de lugares comunes al uso de todos los politicastros y tiranuelos que prometen el paraíso a los desposeídos a quienes dicen representar, cuando a lo largo de su vida han abogado precisamente todo lo contrario al beneficiarse del nepotismo, la plutocracia, el derroche y los lujos dorados de un desaforado mal gusto sin nombre.


A la ignara masa, en su mayoría blanca y provinciana,que propició su triunfo, le ha dicho que el país volverá a ser grande, que florecerán túneles, puentes, aeropuertos, edificios y lloverán empleos, pues todo el dinero milagroso que traerá el rey Midas solo será para los pobres locales y no para los malvados inmigrantes que ahora encontrarán fríos muros en las fronteras del país.


Como buen demagogo dijo que la transición no era entre uno y otro presidente sino entre un presidente y el pueblo que, según él, ahora sí ha tomado el poder y es el que decidirá, cuando todos sabemos que su gabinete es de magnates, multimillonarios y ex funcionarios de Goldman Sachs, de donde salen ahora en el mundo muchos de los gobernantes, cancerberos de los intereses financieros del gran Big Brother plutocrático.


Todos los dictadorzuelos de izquierda y derecha prometen lo mismo al llegar al poder. Lo hicieron todos los dictadores latinoamericanos y africanos, los bolcheviques en Rusia cuando hablaron de la dictadura del proletariado o Mao TséTung con la Revolución Cultural y lo hizo el bigotón austriaco Hitler en Alemania prometiendo la nueva grandeza de Alemania, a su parecer devorada por desechables extranjeros y los judíos.


Los votantes de Trump le creerán tal vez que las viejas fábricas de carbón, las siderurgias y otras empresas que desaparecieron arrasadas por la nueva era tecnológica volverán a surgir como por encanto resucitando los millones de obreros bien pagados de las tres décadas gloriosas, que fueron la base del American Way of life, difundido por el cine de los años 50 al son de los conciertos de Frank Sinatra y Elvis Presley.


En la noche, el viejo magnate de melena y copete dorados fijados con laca bailó con su esposa la ex modelo e inmigrante ilegal eslovena al ritmo de la canción My Way de Frank Sinatra, expresando el mensaje de que como niño mimado, hijo de millonario, ha hecho y hará lo que le viene en gana, no importa si lo que haga signifique probablemente el inicio del fin del imperio, como en su tiempo lo hicieron Nerón y Calígula con la era romana.

Nadie olvidará la asquerosa campaña que lo llevó al poder. Insultó y humilló a sus vecinos los mexicanos, la mitad de cuyo territorio fue robado precisamente en el siglo XIX por Estados Unidos y cuya sangre sudor y lagrimas ha servido para construir en parte la riqueza gringa. Al estigmatizarlos como causantes de los males nacionales, se ganó los votos del blanco ignorante de pueblos y campañas, ahítos de odio y racismo.

El sábado, cientos de miles de manifestantes recordaron en Washington su repugnante machismo de gorila alfa, el desprecio y el maltrato hacia las mujeres, para él simples objetos de adorno para macho rico, a las que dijo poder agarrar por el sexo y besar cuando quiere porque es potentado y famoso. Y ecologistas, universitarios, académicos, asociaciones de las minorías y demás movimientos protestaron por toda esa utilería nefasta de la ideología de extrema derecha que vehiculan buena parte de sus asesores y consejeros.

En vez de tratar de calmar los ánimos de un mundo que vive en guerra, Trump se ha lanzado a casar peleas con la vieja Europa aliada, que ahora estupefacta escucha las amenazas del viejo gruñón. Le ha mostrado los dientes a la potencia china, cuya proverbial y milenaria paciencia ha sabido derrotar a todos los que alguna vez quisieron conquistar al imperio del sol naciente. Y cosa increíble, esta semana fue el presidente chino Xi Jinping, príncipe rojo heredero de Mao TseTung, el que pronunció un discurso abierto y sereno a favor del libre comercio y la tolerancia en la cumbre de Davos en Suiza, como si asumiera de repente el liderazgo mundial. Propiciar guerras comerciales no ha beneficiado nunca a nadie en el mundo, dijo el líder chino.

Trump quiere deshacer el pacto nuclear con Irán, logrado después de tres lustros de arduas negociaciones y aboga por un mayor armamentismo nuclear. Sin que se lo pidan dice querer aliarse con Rusia para poner en tenaza al mundo. ¿Podrá Trump realizar todos sus delirios y fantasmas? ¿Lo controlarán las propias fuerzas interiores del Estado gringo? Incógnitas para los próximos meses o años.



Todo esto apenas comienza y tal vez como ocurre con los fanfarrones, una vez en el poder logrado a base de mentiras y bravuconadas y con las técnicas de la telerrealidad que conoce muy bien como presentador estrella del programa El aprendiz y dueño de Miss Universo, Trump solo gobierne como lo que realmente es, un derechista típico gringo, una mezcla degenerada de Ronald Reagan y George Bush hijo, condimentada con algo de Ku Klux Klan.


Pero como siempre también está presente la otra gran América que ya empieza a manifestarse y enfrentará lo arbitriario del sátrapa con la entereza de la derrota, pero con la lucidez de la inteligencia. Estados Unidos también es esa otra fuerza de cultura, ciencia, arte, tecnología, música, tolerancia, generosidad, que conocemos quienes hemos vivido allí alguna vez.  Walt Whitman, William Faulkner, Ernest Hemingway,  Martin Luther King, Bob Dylan, Angela Davis, Joan Baez, Janis Joplin, Jim Morrison, Noam Chomsky, Meryl Streep, Scarlett Johanson y tantos otros velan por los derechos amenazados.

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* Publicado en la Patria. Manizales. Domingo 22 de enero de 2017.

domingo, 1 de enero de 2017

RETORNO A OSCAR WILDE


Por Eduardo García Aguilar
Cuando joven y en pleno esplendor y fama Oscar Wilde (1854-1900) viajó a Estados Unidos para realizar una larga gira de conferencias entre 1881 y 1883, el fotógrafo Napoleón Sarony tomó una serie de magníficas fotografías del dandy que contribuyeron a su leyenda. Ahí se le ve en diversas poses con su larga cabellera, ataviado con un elegante abrigo de paño y piel, o con una capa satinada, con pantalones cortos, botines y medias de seda, esbelto, amanerado, saludable y con la mirada diáfana de quien conquista el mundo y está lleno de futuro.
Las nítidas fotos en blanco y negro se pueden ver en la exposición Oscar Wilde, el impertinente absoluto, en los amplios salones del Petit Palais de París, o sea en el contexto muy Art Nouveau del lugar, correspondiente a la época y las tendencias y gustos artísticos del personaje. El nieto de Wilde, Merlin Holland, ha sido el motor de esta resurrección de su abuelo, quien después de la gloria cayó en la ignominia luego de ser condenado por homosexualismo a dos años de cárcel.
No había cumplido 30 años aún y ya era una estrella mediática que asombraba por sus aforismos, la elocuencia desbordante y el éxito de sus libros y piezas de teatro en el Londres de fin de siglo, marcado por las artes decadentes y exquisitas de una generación que se refugiaba en lo clásico para huir de la modernidad industrial devastadora. A su retorno a Inglaterra siguieron varios lustros de éxitos, convertido en una de las más famosas personalidades del país, pero pronto se vio enredado en un escándalo al enamorarse de un joven poeta aristócrata, Alfred Douglas, y hacer público su idilio, por lo que fue condenado a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading por una justicia puritana que consideraba el homosexualismo un crimen gravísimo.
Wilde estuvo casado con una bella mujer y tuvo hijos con ella, pero el escándalo lo obligó al exilio en Francia, donde su obra era admirada por la generación de escritores y artistas decadentes y dandys de la época. En París, Wilde se dedica a la absenta y a todos los vicios, se junta con los artistas bohemios, empeora su salud, engorda y muere arruinado y humillado en un hotel de la hoy llamada calle de las Bellas Artes, en el barrio de Saint Germain des Pres. Su ruina pública continuaría después de su muerte. La puritana sociedad británica maldijo su nombre y su descendencia, por lo que la esposa tuvo que abjurar de su apellido y tomar otro, Holland, que es el que llevaron y llevan sus hijos y nietos. La decisión de cambiar de apellido la tomó cuando en Suiza no la admitieron en un hotel con su familia por llevar el apellido maldito de su díscolo esposo.
A pesar de que en los ámbitos francés e hispánico la obra de Wilde fue traducida y aceptada, en su patria se le consideró siempre como un escritor de segunda, más famoso por sus ocurrencias y escándalos que por su obra. Ampliamente traducidos y editados con ilustraciones por las mejores editoriales hispanoamericanas, todos leímos con pasión El retrato de Dorain Gray, los cuentos de El ruiseñor y la rosa, la Balada de la cárcel del Reading y varias piezas de teatro y colecciones de relatos. Además gozamos con sus aforismos y textos irónicos que enseñaban al escritor adolescente a rebelarse contra la mediocridad de las sociedades donde vivíamos.
Aunque Wilde como todo artista fue egocéntrico y megalómano, se sabe que también estuvo pendiente de su esposa y familia y no fue el monstruo perverso en que lo convirtieron las autoridades después de su condena. El nieto, en una larga entrevista proyectada al final de la exposición, reivindica la figura del escritor, con todos sus inmensos méritos y defectos. Más que un monstruo, Wilde fue una víctima de los prejuicios de la época y hoy su conducta no sería juzgada por nadie, salvo por los más fanáticos.
La exposición incluye muchos de sus manuscritos, ediciones originales, cuadros y fotografías de la época, recortes de prensa, caricaturas, secuencias de filmes basados en sus obras y reconstrucción de algunos de sus éxitos más sonados, como fue su pieza de teatro Salomé, que basada en el mito, fue una de las más exitosas desde el inicio y ha sido llevada al cine en diversas épocas. También hay una amplia muestra de cuadros de artistas de la época como Edward Burne Jones, sobre quienes escribió en su momento. Se trata de una serie de obras exquisitas, que renuevan los viejos mitos esteticistas basados en figuras clásicas como Venus o los ángeles caídos.
Lector de Joris Karl Huysmans, admirador de Verlaine, compañero de generación de simbolistas y parnasianos, Wilde vuelve a vivir en esta exposición donde sólo falta la aparición de su fantasma entre los cortinajes del Petit Palais. Volver a visitar a Oscar Wilde en pleno siglo XXI nos reconcilia con el verdadero fin de la literatura, como un arte rebelde que debe criticar los vicios de la época y ser insumiso ante los cánones impuestos por el comercio y la estulticia ambiente. Wilde es admirado por los adolescentes que se abren al arte, y hoy más que nunca su vida y obra son un ejemplo de vitalidad, porque la literatura y el arte son vida antes que otra cosa. Vida, aunque la devastación de la derrota y el fracaso la aniquilen para que renazca de las cenizas en otros tiempos más propicios.
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* Publicado en Expresiones, Excélsior. México D. F. Domingo 1 de enero de 2017

domingo, 4 de diciembre de 2016

EL OJO DE BAUDELAIRE EN PIGALLE

Por Eduardo García Aguilar
El Museo de la vida romántica de París está situado en pleno barrio Pigalle, a unas cuadras del turístico Moulin Rouge, cuyas aspas luminosas giran lentamente en la oscuridad de la noche otoñal anticipada a las cinco de la tarde, cuando los vecinos acuden a las escuelas por sus hijos, a las panaderías por sus baguettes o al gimnasio donde tratarán de relajarse después de la jornada laboral y los ajetreos del metro.
En un rincón de la calle Chaptal los visitantes salen y entran por la calzada empedrada que da a la casa de la prolífica escritora George Sand (1804-1876), donde según cuenta la leyenda vivió sus amores con Chopin, y lugar donde los curiosos pueden sentirse a mediados del siglo XIX, palpar el piano, tocar los muebles, correr las cortinas y acariciar jarras, platos y las paredes empapeladas de la iluminada casona salida de un cuento de Poe traducido por Baudelaire.
La calle Jean Baptiste Pigalle baja desde el Moulin Rouge como el eje central de este barrio decimonónico emergente surgido en tiempos de Charles Baudelaire (1821-1867), donde los nuevos colonizaban las calles empinadas de la montaña de Montmartre, lejos de Saint Germain des Prés y otros lugares del lado izquierdo de la ciudad.
En pocos años todas las flores del mal de la época, artistas, modelos, músicos, pintores, prostitutas, proxenetas, escritores, borrachines, libertinos, aprendices de fotógrafos, periodistas, caricaturistas y todo tipo de avechuchos nocturnos de lupanar, alcohólicos, tuberculosos y sifilíticos, se adueñaron de esta zona tan bien descrita en los carteles de Toulouse Lautrec (1864-1901) o en los cuadros de Utrillo y Suzanne Valandon, entre otros muchos dibujantes y creadores de imágenes de la época.
Por aquí venia el joven Baudelaire, el emblema de esas generaciones que aun creían en el arte como un destino por el que ofrecían sus vidas de héroes y por el cual morían miserables, locos e ignorados en el intento. Esgrimiendo su escuálida apariencia de lector joven en un retrato pintado por Courbet (1819-1877), vestido con su redingota o su abrigo negro, anudado el moño de su corbatín de seda, mostrando el bastón o los guantes que captaban las cámaras de sus amigos fotógrafos, el genio de Las flores del mal deambulaba con su mujer mulata mientras el padrastro Aupick y su madre sufrían hasta lo indecible por las calaveradas del rebelde muchacho, obligados a pagar siempre sus múltiples facturas.
Ahora él ha vuelto al barrio, esta vez a través de una exposición El ojo de Baudelaire dedicada a su relación con el periodismo, las artes plásticas, la fotografía y la caricatura. A las seis de la tarde de este día otoñal de 2016, Baudelaire ha regresado entre el crepúsculo y se esconde detrás de los árboles y las rejas que llevan a la casa de George Sand, camina por las calles o espera a la entrada de los cabarets mirado esta vida extraña, luminosa del siglo XXI.
La noche era larga en Pigalle, zona de tolerancia que hoy ya no es la sombra de lo que fue y ha sido destruida poco a poco por la privatización en linea de los encuentros tarifados y el éxodo hacia otros lugares de las últimas profesionales de la noche. Baudelaire se mostraría extrañado y exclamaría furioso contra este desastre alzando su bastón de puño de marfil.
Por estas calles del sonoro Pigalle todas las glorias de la farándula literaria y artística del siglo XIX y la mitad del XX ---desde Baudelaire hasta André Breton, que vivio por aquí--- agotaron su juventud en cabarets, teatros y bares musicales donde cantaba Aristide Bruant (1851-1925) y amanecían borrachos de absenta, opio, cocaína, morfina y hachís.
Uno tras otro han desaparecido en las últimas décadas sórdidos sitios de bailarinas, sex shops, hoteles de mala muerte, bares tenebrosos como el Noctambules, donde cantaba hasta hace un lustro la leyenda Pierre Carré, para ser restaurados o reemplazados directamente por Mc Donalds, Starbucks, cafés con wifi, boutiques, expendios de jugos naturistas, restaurantes y comercios de ropa y comida, al mismo tiempo que una nueva generación de habitantes adquieren o alquilan apartamentos y convierten el lugar en una zona pulcra que solo vive de sus glorias pasadas y en la mente ingenua de ciertos turistas despistados.
En el Museo de la vida romántica la exposición dedicada a Baudelaire está apeñuscada a la entrada de la casona de Georges Sand en tres salas oscuras y estrechas de paredes tapizadas de tela verde y rojo estampadas de flores de lis como en el siglo XIX y comunicadas por peligrosas escaleras de donde se despeñan con cierta frecuencia cegatonas y cegatones académicos jubilados, cascarrabias amantes de la literatura que tosen y moquean bajo el imperio de la gripe otoñal.
En la primera sala vemos todas las fotografías y los daguerrotipos que le tomaron sus amigos Etienne Carjat (1828-1906) y Félix Nadar (1820-1910), así como los retratos, esculturas o caricaturas con su imagen. En una pequeña sala porno custodiada por dos robustas funcionarias con aires de gigantescos perros bulldog se muestran imágenes eróticas prohibidas, entre ellas la preferida de Baudelaire, una ninfa solitaria y orgásmica, o escenas de coitos en casas de citas.
En otra sala subterránea vemos las cartas escritas a su madre y apoderados desde Bruselas, a donde huyó por las deudas, escritas con una caligrafía impecable e inteligente y en la tercera, luego de subir unas estrechas escaleras de caracol, palpamos casi los manuscritos de sus más famosos poemas y las primeras ediciones de sus libros, muchos de las cuales fueron publicados con carácter póstumo. Y al final vemos cuadros de su admirado Delacroix (1798-1863) y otras obras amadas que le dieron renombre como crítico de arte y visitante asiduo de galerías y salones anuales pictóricos.
Ha terminado la visita y salimos a la calles animadas del viejo Pigalle como si estuviéramos en tiempos del poeta. Y lo imaginamos internándose por alguno de los portalones o deambulando ebrio por las pequenas callejuelas del vicio. Baudelaire volvió a Pigalle este otoño. En el aire se siente su presencia como un pequeño ciclón de palabras.
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* Publicado en Expresiones. Excélsior. México D. F. 4 de diciembre de 2016.